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DIEGO, EL BARÍTONO DE UN EXITOSO VIAJE DE MÚSICO

Fuente: REVISTA AVANCE, Edición Nro. 252

Fecha Publicación: Septiembre, 2013

Enlace: http://www.revistavance.com/entrevistas-septiembre-2013/diego-el-baritono-de-un-exitoso-viaje-de-musico.html

 

Diego, el barítono de un exitoso viaje de músico Imprimir

Un artista ecuatoriano que se inició en el vientre materno, hizo escuela en la familia y alcanzó un triunfo de resonancia mundial en Austria
 
Diego Zamora Mendieta, barítono bajo, conoce más que muchos artistas aquello del viaje del músico. Hijo de padre y madre cantantes, aprendió a hablar entonando música y a los tres años de edad ya se enfrentaba a los aplausos del público.
 
 
 
 
El 6 de septiembre, su 28 cumpleaños,es también fecha de sus precoces bodas de plata como artista. Diego y Mónica hicieron fama en el ambiente universitario de los años 70 del siglo pasado y atados a la pasión por la música latinoamericana de protesta, acabaron de abogados, pero más que nada de esposos y profesionales del arte. Así, entre escenarios y melodías, Diego Javier vino al mundo, que le está resultando pequeño. 
 
El dúo Mónica y Diego se amplió primero al trío Mónica y sus dos Diegos y luego al grupo La Familia, pues la hija Erika y su esposo Andrés han unido sus voces para presentar grandes repertorios del cancionero nacional y latinoamericano en recorridos por América y Europa de los que vinieron con cinco preseas internacionales.
 
“Yo llevo la música en la sangre y en el corazón”, dice Diego hijo, que a los cuatro años rasgaba la guitarra o acompañaba a sus padres con el bombo, en los boleros, pasillos y selecciones populares hispanoamericanas. Cuando en 2012 se graduó de Ingeniero de Turismo, los sorprendió con la certificación de dos años y medio de cursar la Escuela de Música en la Universidad de Cuenca. Mantuvo en secreto la especialidad, por no desalentar a sus padres que querían verle con el título profesional.
 
El artista ha incursionado en los más variados géneros de la música y en su formación ha tenido maestros destacados del país y del exterior, entre ellos Alexander Tomasov, Selena Pappic, William Alvarado, Beatriz Parra, Richard Gordon, Web Wiggins y Jhonatan Floril.
 
Desde hace cinco años practica el canto lírico y refuerza su vocación artística sin apartarse de la música predilecta del popular conjunto de familia. Ha sido la oportunidad para desempeñar roles protagónicos como Don Pancho en la opereta ecuatoriana Ensueños de Amor; solista en el recital lírico Ópera de Montecarlo; Vidal Fernando en la zarzuela Luisa Fernanda, demostrando además aptitudes en el ámbito de la actuación.
 
En julio de 2012 alcanzó el triunfo más brillante de su trayectoria, en el concurso mundial de canto lírico Salzburg Voice Festival, en Austria, donde fue galardonado con el primer lugar después de un proceso de selección entre 13 mil artistas del mundo.
 
Participar en el evento mundial fue todo un desafío, empezando por reunir fondos mediante una presentación, para ayudarse en la financiación, pues el Ministerio de Cultura le había apenas colaborado con los pasajes. Es toda una anécdota y un drama esta experiencia en la vida del artista.
 
Diego gusta contarla con entusiasmo. Se presentó aquella noche en un fastuoso escenario y luego de interpretar canciones de música ecuatoriana con arreglos hechos por él, escuchó su nombre en el veredicto del jurado: no lo creía, era el primer lugar. “Lo que hice es llorar y llorar y nadie de mi país ni de mi familia estaba conmigo”.
 
Luego de recibir el premio, fue invitado a una cena en la que brindaron con cerveza y él se embriagó con pocos sorbos, por lo que fue a reposar en el hotel, pues tenía el viaje de retorno al Ecuador al otro día.
 
Y ocurrió una peripecia propia del viaje del músico: cuando llegó al aeropuerto, el avión para embarcarse a Madrid había partido. Él apenas tenía pocos euros para gastos indispensables y entre angustias y desesperación, pidió ayuda al personal de la compañía aérea, que no podía girarle otro tiket de vuelo. Entonces él hizo valer su condición de artista galardonado y consiguió que unas azafatas le consiguieran un boleto, a cambio de que cantara en el aeropuerto las melodías con las que triunfó la víspera. 
 
En Madrid tuvo que repetir la proeza, porque los vuelos de conexión con el Ecuador también estaban perdidos. Pero consiguió arreglárselas para retornar y en el trayecto pensaba en el gran recibimiento que le tributarían autoridades y artistas por conquistar semejante triunfo para el país: su frustración fue grande cuando nadie parecía haberse percatado de su éxito. “Yo me acordaba –dice- cuando en otra disciplina, el deporte, el compatriota Jefferson Pérez alcanzó una presea mundial”.
 
   La recompensa vendría semanas luego, empezando por la Municipalidad de Zamora, que le sorprendió con una presea, pues fue por primera vez a esa ciudad para el homenaje. ¿Será por su apellido gemelo con el nombre de la ciudad? La Asamblea Nacional le confirió la presea Vicente Rocafuerte por su excelente trayectoria artística; el Ministerio de Cultura, la Medalla Bicentenario al Mérito Cultural Internacional; otras distinciones le confirieron la Municipalidad y la Universidad de Cuenca.
 
   La Municipalidad de Gualaquiza le invitó a conformar un coro polifónico, que se estrenó el 16 de agosto pasado con éxito, integrado por personas de entre siete y más de 60 años. Fue con motivo de los 69 años de cantonización de esa ciudad amazónica.
 
   Estimulado por una cadena de triunfos en escenarios nacionales y del exterior, Diego Zamora Mendieta piensa en grande. Aspira continuar la difusión de la música ecuatoriana, con arreglos que permitan internacionalizarla, dejando de lado el son de tristeza llorona y ese dejo de reducto alcohólico. Su meta es constituir una corporación cultural para promover grandes espectáculos internacionales, con artistas destacados que compartan escenarios con los nacionales. Es un artista lleno de sueños, pero sobre todo un profesional con bases firmes para pisar el suelo.